Esta semana tuve la oportunidad de participar, junto a Barbara, en una charla en Adult Literacy League, una organización sin fines de lucro que trabaja acompañando a adultos a mejorar su inglés, desarrollar nuevas habilidades y acceder a más oportunidades a través de la educación.
El objetivo de la sesión fue claro: mostrar cómo la inteligencia artificial puede ser una aliada real en la vida diaria, tanto para docentes como para estudiantes, sin tecnicismos ni barreras innecesarias.
No fue una charla sobre el futuro.
Fue una charla sobre el presente.
Hablamos de cómo la IA puede ayudar a docentes a preparar clases más personalizadas, a estudiantes a practicar inglés con mayor confianza y a personas a resolver tareas cotidianas de forma más simple.
En un momento de la charla, alguien levantó la mano y dijo algo muy simple:
“Pensé que esto no era para mí”.
Ese comentario resumió todo. A partir de ahí, la conversación cambió. Dejamos de hablar de tecnología y empezamos a hablar de confianza, de aprender sin vergüenza y de animarse a probar.
Empezaron a aparecer preguntas muy reales, de esas que muestran interés genuino y pensamiento crítico:
¿por qué usar ChatGPT y no otra herramienta?
¿qué pasa con la privacidad de los datos?
¿la IA consume mucha energía?
¿esto nos va a salir más caro con el tiempo?
Lejos de frenar la charla, esas preguntas la hicieron más rica. Nos permitieron hablar con honestidad sobre límites, cuidados, impacto y uso responsable. Dejar en claro que la inteligencia artificial no es magia ni reemplazo, sino una herramienta que hay que entender antes de usar.
Algo que me resultó especialmente inspirador fue el perfil del grupo. La mayoría eran personas mayores, muchas ya retiradas, que eligieron no quedarse quietas. Personas con curiosidad, con ganas de seguir aprendiendo, haciendo preguntas y explorando nuevas herramientas.
Ver ese interés genuino por entender y adaptarse es un recordatorio fuerte de que aprender no tiene edad, y de que la tecnología, bien explicada, puede ser un puente y no una barrera.
Mi rol fue facilitar ese primer contacto: traducir conceptos, bajar barreras y mostrar que la inteligencia artificial no reemplaza a las personas, sino que puede potenciar lo que ya saben y hacen.
Muy agradecido de poder contribuir en iniciativas como Adult Literacy League, que generan impacto real en la comunidad y ayudan a que más personas se sientan incluidas en este nuevo contexto tecnológico.
Este tipo de espacios reflejan muy bien el eje de mi trabajo actual y del libro que estoy escribiendo: acercar la inteligencia artificial a personas reales, en contextos reales, de forma simple, práctica y sin miedo.
Experiencias como esta confirman algo en lo que creo profundamente: cuando el conocimiento se comparte con honestidad y claridad, el impacto se multiplica.
Seguimos. Siempre.
